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Si sabes esos días,
nubes de látex
como arrastradas por el suelo de un hogar
abandonado,
sucias de luz y ruido,
cielo infectado de la noche
de una ciudad cuyo perfil solo te puede recordar
a las muelas de un perro
rabioso.
Si desconoces en los rostros de los hombres
la dignidad, y llueve
sangre amarilla
de firmamentos que jamás sabrán el nombre
de los que alzan sus manos.
Si entiendes que los ojos son cuchillos y las manos
penas de muerte en esta tierra
de huérfanos suicidas,
almas dormidas en la intimidad
de sus bestias más fieras.
Si sientes, al final, te vuelves mundo,
tan retorcido y ciego,
y la sonrisa te abandona,
doblas el labio, posas
para los domadores.
Porque eres tú el infierno.
