jueves, 9 de julio de 2009

Ángeles

Como dos ángeles
en la visagra donde el viernes baila
con la curiosidad de un horizonte
que empieza a amanecer en otro verbo,
mitad borrachos,
mitad amor,
y la mitad más grande
divinizados
por el columpio de unas horas donde el frío
no sabe refugiarse entre los dos.

¡Qué hermosa es la ansiedad de los amantes
y ese temblor que corre
por el rincón que nadie se atreviera a atravesar!

Y la caricia que se atreve a molestar al ojo extraño,
como una duda
de luz sin fondo, rompe en la mañana de la piel.
Entonces alguien escribió sus nombres
para decir que era ficticio todo, y que el cariño
ya no corría por las calles
ni discutía en los asientos de los automóviles
con las banderas
de una moralidad ajena que pretende
robar un cuerpo,
robar un cuerpo a cuerpo.

En sus mejillas el rubor de una ciudad pequeña
mientras el humo de los últimos cigarros tararea
una canción antigua
de viejo rock & roll.
Aprenderán, como los gatos, a subirse a los tejados, a afilarse
los ojos en la noche, cuando
no quede espacio ni recurso
para su enfermedad.

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