la de la eterna juventud de ser felices,
la del infierno de tu sexo y de tus sienes
donde se van asando las perdices.
repíteme la noche,
la posturita, el coche y la canción,
contar amantes sin hablar de amor
y miénteme otra vez y sigue, roce
con roce, nota a nota, cremallera
y mala cara, ahora sonríe otro segundo:
podrás quedarte otros tres días.
quizás hablemos de la sal o de la arena,
de cómo va acabar el mundo -puto mundo-
de que lo nuestro es otra porquería.

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