lunes, 18 de mayo de 2009

El sexo se volvió
asunto de tristeza,
pero miramos
las manchas de humedad en el papel
de la pared,
donde los estampados
alcanzan
los ángulos del techo con sus color antiguo
-así perdí tus ojos-

y les pusimos nombre:
caballo, silla, ángel, mesías...
para adoptar las menos melancólicas.

El tiempo las dejó crecer en primavera
y en el alfeízar
la misma lluvia rara
lloviéndose otra vez,
sacando blanda y negra la tierra de tus flores,
vecino silencioso asomándose a los cuerpos,
suicida
sin demasiada convicción.

Cuando el papel se despegaba descubrimos
que ayer ya era aquel mañana
y tarde
para la luz romántica de una lámpara de gas,
que el semen olía seco
pero nadie ya culpaba a sus ausencias
ni sus caprichos
brillando en el alcohol como un pequeño incendio,
como una fiera provocada.

Alguien se levantó en el cansancio de las seis.
Mirar las nubes:
aquella tiene la forma de la dignidad -dijiste-,
así es como me miras.

Después de aquello
tuvimos que pintar de verde la pared,
de muerte
y de esperanza,
del grito que callaba
el claro amor que te tenía,
el grito que llenaste con nuestros ramos blancos.

Recordarás que aquel mes
noscortaron la luz
y yo aprendí a encenderte velas.

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