viernes, 5 de junio de 2009

Como los océanos
se vuelven mar
más pequeño, para apretarse
irresistibles contra los acantilados,
para profundizar
tierra adentro de los continentes
y ser cordillera,
montaña a contra luz, colina
más tarde,
y luego de volverse ave
para llegar al hombre, y más pequeño:
su puño
para golpear irrefutable su injusticia.

Como ese mar, piel de serpiente
y piel de ahorcado,
que se convierte en una mano abierta

para ser al fin caricia
y desaparecer.

El mar de piel de lobo que dibuja
corderos espumosos en las comisuras de la tierra,
piel de sal, de alga, de sima oscura
sin tiempo.

Hermosa piel violeta capaz
de amanecer, de anochecer.
Piel exprimida, piel exagüe de los gatos ciegos.
Pequeño océano,
mi piel,
y la caricia tuya.

Mar cada vez más apretado, presión del mundo,
y de la gloria
borracha de los marineros rubios
hacia perderse perderse para siempre
como lo que sucedió hace mucho tiempo,
perdiendo cercanía de otro mar
rosado,
tus mejillas,
la caricia mía.

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